“Sí”.
“¿Lo peor?”, dije. “Una parte de mí todavía quiere consolarte. Y otra parte te odia por haber desperdiciado tres años de mi vida”.
“Ambas cosas son ciertas”, respondió.
Me fui.
El divorcio fue rápido.
Él fue a terapia.
Elena se mudó.
Nunca la volví a ver.
Al principio, me pregunté si debería haberme quedado.
Si comprender significaba sacrificarme.
Pero el tiempo me dio la respuesta.
Comprender el dolor de alguien no significa vivir dentro de él.
Y amar a alguien que sufre no significa convertirte en su cura.
Un año después, durante otra tormenta, me asomé a mi ventana.
Por primera vez…
Sentí paz.
Porque algunas puertas revelan verdades que te destrozan.
Y otras…
te cierras para salvarte.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
