—¿Así que te lo vas a llevar todo? —dijo.
La sala guardó silencio.
Sofía negó con la cabeza.
—No —dijo—. No tengo ningún interés en destruir lo que hemos construido juntos.
Él la miró fijamente.
—¿Entonces qué quieres?
Ella pensó un momento antes de responder. La palabra que eligió fue la correcta.
“Justicia.”
Colocó un segundo documento sobre la mesa. Una propuesta de división de bienes que dividía la empresa exactamente por la mitad. Él conservaría la propiedad de las tiendas del norte. Ella se quedaría con las del sur. A partir de ese día, sus vidas profesionales y personales estarían completamente separadas.
Alejandro la miró fijamente durante un largo rato, con la expresión de un hombre que intentaba comprender algo que había pasado por alto durante años. Luego firmó los papeles.
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