—¿Papá?
—¿Sí?
—¿Crees que huir aquella noche fue valiente?
Reflexioné sobre la pregunta.
Asentí.
—Sí —dije—. Creo que fue uno de los actos más valientes que he visto.
Sonrió levemente y volvió a su tarea, recuperando poco a poco la tranquila seguridad en su postura tras meses de paciente recuperación.
Han pasado dos años desde aquella noche.
Lily tiene diez años.
Sigue adorando a los dinosaurios, sigue haciendo un sinfín de preguntas sobre el mundo y sigue insistiendo en leer un capítulo más antes de acostarse.
A veces todavía me despierto...
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