En medio de la noche, recuerdo el momento en que recibí esa llamada.
Pero cuando paso por su habitación y la veo dormir plácidamente bajo la suave luz de su lámpara de noche, recuerdo la lección más importante que me enseñó aquella terrible noche.
Escucha a los niños.
Créeles cuando te digan que les duele algo.
Y nunca des por sentado que el silencio significa que todo está bien.
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