¿Estás disfrutando de una copa de vino con tu amante, cariño? Espero que sí, porque acabo de bloquear tus tarjetas de crédito y esa botella será lo último que compres con el dinero de mi padre.

Recorrió el impecable pasillo, aferrado a un osito de peluche barato que había comprado en la tienda de regalos.

Encontró la habitación. La puerta estaba entreabierta.

Dentro, la suite parecía más un hotel de cinco estrellas que una habitación de hospital. Flores cubrían cada superficie. Elena estaba sentada en la cama, radiante, sosteniendo un pequeño bulto envuelto en cachemir rosa. Magnus Sterling estaba junto a la ventana, sonriendo a su nieta.

Por un momento, Julian simplemente los observó.

Era el retrato de la vida que se suponía que debía tener: la riqueza, la familia, el legado. Todo estaba allí.

Elena levantó la vista y sus miradas se cruzaron. Su expresión no cambió. No había ira, ni triunfo, ni regocijo.

Solo indiferencia.

Lo miró como se mira a un desconocido que se ha equivocado de habitación. Luego pulsó un botón en la barandilla de su cama de hospital.

Dos corpulentos guardias de seguridad doblaron la esquina detrás de Julian.

—Señor Thorne —dijo uno de ellos, colocando una mano pesada sobre el hombro de Julian—, está violando la orden de alejamiento. Debe irse.

—Solo… quería verla —susurró Julian, mientras el osito de peluche se le resbalaba de la mano y caía al suelo.

—No es tuya, Julian —dijo Magnus, dando un paso al frente con voz baja—. Biológicamente, tal vez. ¿Pero legalmente? No eres más que un donante que no pagó sus cuotas.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.