Me miró con atención.
—¿Estás enojado?
—No —dije en voz baja—. Solo una cosa.
Se puso tenso.
Le tomé la mano.
—¿Por qué no me dejaste ser parte de tu sueño desde el principio?
Se le llenaron los ojos de lágrimas.
Lo abracé con fuerza.
Y por primera vez en meses, sentí paz.
Unas semanas después, viajamos juntos a Cebú.
Cuando llegamos, lo vi.
Una pequeña escuela.
En la puerta: Escuela Comunitaria Gratuita de San Pedro.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
