Fue humillante en la boda de mi hijo: la novia y sus padres deshonraron a nuestra familia…

«¡Bailemos!»

Salieron a la pista de baile y empezaron a moverse. Lyudmila se contorsionaba, se agachaba y levantaba los brazos. Viktor saltaba y daba vueltas. Parecía más una discoteca que una boda.

Los invitados de Tamara permanecieron sentados, con el rostro sombrío. Su colega, el director del colegio, le dijo en voz baja a su esposa:

«¡Vaya, qué sorpresa!»

Tamara lo oyó todo. Una oleada de vergüenza la invadió.

Una hora después, Lyudmila exigió que recogieran los sobres con el dinero. El animador trajo la caja con los regalos. La suegra abrió la caja allí mismo, en la mesa, y comenzó a contar en voz alta:

"Veamos, diez mil aquí... cinco mil aquí... ¡oh, veinte mil aquí!". Gritó las cantidades para que todos en la sala la oyeran. Tamara cerró los ojos. Era una pesadilla.

Tamara se quedó sentada, roja de vergüenza. Sus invitados no dijeron nada, pero sus miradas lo decían todo. El momento culminante llegó al anochecer. Lyudmila le arrebató el micrófono a la anfitriona.

"¡Queridos invitados! ¡Ahora les voy a contar cómo nuestra pequeña Kristinochka sedujo a Igor!". Tamara se levantó de un salto.

"¡Lyudmila, no!".

"¡Claro que sí! ¡Es muy gracioso!". La suegra comenzó a contar una historia vulgar sobre la primera vez que la pareja había estado a solas. Los detalles eran tan indecentes que varios de los invitados de Tamara se levantaron y se marcharon. Viktor no quería quedarse fuera. Él también tomó el micrófono.

¡Y ahora, le voy a dar un consejo al novio! En la noche de bodas, lo más importante es... Lo que siguió fue un consejo tan grosero que Tamara deseó desaparecer. Uno a uno, sus colegas comenzaron a despedirse y marcharse. Elena se acercó para abrazarla.

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