Completa.
—Sabía que vendrías… —susurró.
Ritchie no se movió.
No dejó de mirarlo.
Como si entendiera.
Como si supiera.
Elena se quedó en la puerta, en silencio, con los ojos brillosos.
No interrumpió.
Nadie lo hizo.
Porque en esa habitación… estaba ocurriendo algo que no se enseñaba en medicina.
Alden acarició el lomo del perro con la poca fuerza que le quedaba.
—Tienes que portarte bien… —murmuró—. Ya no voy a estar para regañarte…
Ritchie soltó un pequeño quejido.
Se acurrucó más cerca.
Y entonces…
se quedó completamente quieto.
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