La continuación de la historia

Miguel puso una mano tranquilizadora sobre el hombro de su hijo. Alejandro se irguió. El temblor había desaparecido.

Los oficiales aseguraron las grabaciones. El coronel se acercó a Miguel.

—Hiciste bien en no ceder —dijo en voz baja.

—No quería favores —respondió Miguel—. Solo justicia.

—Y eso es lo que obtuviste.

Los alumnos recogieron sus cosas lentamente. Dos chicos se acercaron a Alejandro.

—Sabíamos que no eras tú —dijo uno.

—Siento no haber dicho nada antes —añadió otro.

Alejandro asintió en silencio.

Caminaron por el pasillo, sus pasos resonando en el edificio casi vacío.

—Papá… —dijo Alejandro en voz baja.

—¿Sí?

—Pensé que nadie me creería.

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