Con el paso de los años, las tensiones aumentaron.
En 1811, Venezuela declaró su independencia. La Primera República nació en medio de ideales de libertad, igualdad y soberanía. Pero esas ideas rara vez se aplicaban a los esclavizados. La economía seguía dependiendo del trabajo forzado en haciendas de cacao, base de las grandes fortunas coloniales .
Alejandro creció en medio de esa contradicción.
Educado en filosofía ilustrada, comenzó a cuestionar lo que veía. A los 15 años, ya leía textos prohibidos. A los 18, discutía abiertamente con su padre sobre la esclavitud. El coronel, envejecido y cada vez más paranoico, empezó a temer que algo no estaba bien.
La verdad comenzó a emerger de la forma más inesperada.
Una noche de 1829, durante una fuerte tormenta, la anciana esclava que había presenciado el intercambio enfermó gravemente. Antes de morir, pidió ver a María. Y allí, en un susurro quebrado, confesó todo.
María no lloró.
Habían pasado 18 años. Su hijo ya no era suyo. Pero la verdad, finalmente, tenía forma.
Días después, Alejandro encontró a María.
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