La hija de la señora de la limpieza dejó a todos sin palabras en su graduación.

—A ver a Viktor Vasilyevich... por trabajo.

Veinte minutos después, estaba frente a él, con los puños apretados con tanta fuerza que tenía los nudillos blancos.

—Quiero... ganar dinero. Cualquier trabajo. Urgente.

Sokolov la miró con atención.

—¿Urgente? ¿Para qué?

Alina guardó silencio. Luego, en voz baja:

—Para la graduación. Un silencio se apoderó de la sala.

—¿Y cuánto necesitas?

Ella mencionó la cantidad. Incluso ella misma se asustó de lo irreal que sonaba.

Sokolov sonrió, pero no con burla, sino con interés.

—¿Entiendes que es casi imposible hacerlo en un mes?

—Lo entiendo. Pero aun así lo intentaré.

Se recostó en su silla.

—Hay una opción. Pero no te va a gustar.

Alina se tensó.

—Te escucho.

Y en ese momento, aún no sabía que esa conversación cambiaría no solo su graduación, sino toda su vida.

Viktor Sokolov guardó silencio durante un largo rato, mirando a Alina como si intentara discernir la seriedad de sus palabras.

—Una limusina para la graduación… —repitió—. ¿Es por esto que viniste a pedir trabajo?

Alina no apartó la mirada.

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