«No por lujo. Por dignidad.»
Estas palabras sonaban demasiado maduras para su edad. Sokolov entrecerró ligeramente los ojos.
«De acuerdo. Hay una opción. Pero no se trata de dinero fácil.»
Se levantó, se acercó a la ventana y señaló con la cabeza hacia el estacionamiento, donde relucían los autos de VIP Motors.
«Tenemos una presentación de un nuevo modelo en una semana. Clientes, inversores, la prensa. Necesitamos a alguien que pueda ayudar a organizarlo y... ser la cara visible del personal. Sin errores. Sin quejas.»
Alina desconfiaba.
«¿Qué quieres decir con "cara visible"?»
«Una sonrisa, cortesía, trato con los clientes. Y disciplina absoluta. Doce horas al día. Sin retrasos.»
«Estoy de acuerdo.»
Sokolov se giró.
«Ni siquiera me escuchaste.»
«No necesito más condiciones.»
La miró con más intensidad que antes.
—Entonces empezaremos mañana.
Al salir del edificio, Alina sintió una extraña mezcla de miedo y alivio. No sabía exactamente a qué se había comprometido, pero no había vuelta atrás.
Al día siguiente, la llevaron a la sala de presentaciones VIP. Camisas blancas, coches relucientes, trajes caros… todo parecía otro mundo. Los clientes la miraban como si ella los mirara a través de un cristal.
—Chica, trae agua —dijo uno de los hombres sin siquiera mirarla.
—Date prisa —añadió la mujer a su lado.
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