«¿Qué está pasando?», dijo con voz baja y controlada. «No puedes hacerme esto hoy, precisamente hoy».
Olivia la miró con calma.
Miró a la mujer en quien una vez había confiado plenamente: la mujer que la había ayudado a elegir las invitaciones y a probar muestras de pastel, y que la había acompañado en cada evento de su compromiso, todo mientras trabajaba discretamente para sus propios fines.
—Ya lo hice —dijo Olivia.
La compostura de Vanessa flaqueó ligeramente. —¿Por una conversación privada?
—Porque planeaste arruinar mi vestido, perder mis anillos y pasaste meses intentando interponerte entre la persona con la que me voy a casar.
—No fue eso.
Olivia casi sonrió. —Tengo cuatro minutos grabados.
Por primera vez esa mañana, Vanessa se quedó realmente callada.
Entonces dijo lo único que reveló todo lo que aún quedaba por revelar sobre su carácter.
—¿Así que estás tirando por la borda años de amistad por un hombre?
Olivia consideró su respuesta solo un instante.
—No —dijo—. Estoy terminando una amistad que nunca fue real por una cuestión de carácter.
No había nada más que decir después de eso. Vanessa lo entendió y no dijo nada más.
La ceremonia fue más sencilla que la planeada
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