La pobre camarera notó el punto rojo en el pecho del jefe de la mafia y fue la primera en actuar.

Actuó.

—¡Agáchate!

Se abalanzó sobre él con todas sus fuerzas.

La copa estalló.

El disparo resonó.

La bala atravesó la mesa donde él había estado segundos antes, haciendo volar madera, cristales y vino. Se oyeron gritos. Elías desenfundó su arma al instante. Nicolás volcó la mesa para cubrirse.

Mia yacía sobre Gabriel, con la respiración agitada y el corazón acelerado.

Por primera vez, su calma se había desvanecido, reemplazada por algo más afilado. Más letal.

Él le tocó la sien. Sangre.

—Estás herida.

—Yo… vi un punto rojo…

El caos los rodeaba, pero Gabriel no la soltó de la muñeca.

«Viene con nosotros».

Y así, la antigua vida de Mia desapareció.

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