La suegra le cortó el pelo a su nuera y la mandó a un convento; lo que hizo hizo que se arrepintiera de ello el resto de su vida.

Me llamo Ana, tengo 25 años y me casé con Carlos justo después de graduarme de la universidad. Nos conocimos allí; nuestro amor era puro y sencillo. Carlos es amable y trabajador, pero su madre, doña Teresa, es famosa en el barrio por ser estricta y cruel.

El mismo día que me la presentó, me dijo:

“¿Una chica de un pueblo pobre podrá mantener a esta familia?”.

Intenté sonreír, pensando que si era obediente y trabajadora, algún día me aceptaría. Pero me equivoqué. Desde el primer día como nuera, criticó todo lo que hice y nunca me elogió.

La razón por la que doña Teresa no me aceptaba era simple: había planeado que Carlos se casara con una chica rica de la región, y yo había arruinado sus “planes”.

Cuando había invitados, solía decir entre líneas:

“Hoy en día, cuando te casas, tienes que elegir a alguien con dinero; ¿qué puedes hacer con alguien que no tiene nada?”.

Carlos escuchaba, pero rara vez se atrevía a defenderme; simplemente guardaba silencio o cambiaba de tema. Contuve las lágrimas y me dije a mí misma que tenía que soportarlo todo por él.

Un día, Carlos tuvo que irse de viaje de negocios durante una semana. Me quedé en casa cuidando la tienda familiar y haciendo las tareas domésticas. Ese día, se me cayó accidentalmente una botella de aceite y se derramó en el suelo. Cuando Doña Teresa lo vio, montó en cólera y me gritó, llamándome torpe y diciendo que lo había arruinado todo.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.