“Lo lleva puesto”.
“No te preocupes”.
“Dormirá con él. Mañana parecerá una reacción alérgica”.
“El seguro está listo.”
Sentí un escalofrío.
Ya no era una sospecha.
Era la verdad.
PARTE 3
Cuando regresó, yo ya estaba de pie.
“¿Qué pasa?”, preguntó.
No estaba preocupada.
Molesta.
“Nada”, dije con calma. “Solo me preguntaba cuánto tiempo llevas ensayando esto.”
Antes
Él no pudo responder, la puerta se abrió.
Entraron los policías.
Su rostro palideció.
Las excusas no se hicieron esperar: malentendidos, contexto erróneo, negación.
Pero las pruebas eran más contundentes.
La póliza.
Los recibos.
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