Le puse un laxante al café de mi marido antes de que saliera a ver a su amante... pero lo que pasó después fue peor de lo que imaginaba.

Mi esposo estaba frente al espejo, arreglándose la camisa como si fuera a una cita, no al trabajo.

Demasiado perfume, demasiado entusiasmo… demasiado para alguien que decía tener “reuniones”.

Yo estaba en la cocina, viendo cómo terminaba de prepararse el café.

En mi mano… un pequeño frasco de laxante.

No fue un impulso.

Surgió después de meses de silencio, llamadas que terminaban cuando yo entraba y “reuniones urgentes” que siempre parecían ocurrir los viernes por la noche.

Y sobre todo… después del mensaje que vi la noche anterior:

“Te estaré esperando mañana. No olvides el perfume que me gusta”.

Firmado: Carolina.

La nueva secretaria.

Un nombre elegante. Demasiado elegante.

Respiré hondo.

“¿Y mi café?”, preguntó desde la puerta, ajustándose el cinturón con más energía de la que me había mostrado en semanas.

Se lo di.

—Una pequeña sorpresa —dije, sonriendo con calma.

Lo observé beber.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.