Mi hija fue objeto de burlas por estar sola en el baile de padres e hijas, hasta que una docena de marines entraron al gimnasio.

Ser tu padre ha sido el mayor honor de mi vida.

Estoy luchando por volver a casa, Bug. Estoy luchando por recuperarme. Pero si no puedo estar ahí para bailar contigo, quiero que mis hermanos te acompañen.

Ponte tu vestido bonito y baila, pequeña. Estaré ahí, en tu corazón.

Te quiero, mariquita.

Siempre.

Papá.”

Las lágrimas rodaban por sus mejillas. Miró al general Warner.

“¿De verdad conocías a mi padre?”

El general sonrió, mirándola a los ojos. “Sí, Katie. Tu padre no era solo un marine, era el alma de nuestra unidad. Hablaba de ti todo el tiempo. Guardaba tus fotos y dibujos en su taquilla y nos los enseñaba a todos.”

El sargento Riley dio un paso al frente con una sonrisa. —Es cierto, cariño. Sabíamos todo sobre tus rutinas de baile, tu trofeo del concurso de ortografía, incluso tus botas rosas. Tu papá se aseguró de ello.

Los ojos de Katie se abrieron de par en par. —¿Saben lo de mis botas?

El general Warner asintió. —Oh, sí. Y tu disfraz de princesa de Halloween. Tu papá estaba tan orgulloso de ti. Se aseguró de que supiéramos a quién acudir si alguna vez nos necesitaba.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.