Mi marido me echó a la calle en toalla por negarme a vivir con mi suegra, pero nunca imaginó que…

«Señor Álvaro… hay una reunión urgente».

«¿Quién la llamó?»

«El señor Diego Serrano».

Álvaro frunció el ceño.

«¿Qué quiere?»

«Dijo que… querrás oírlo».

Cuando llegó a la oficina, algo no le cuadraba.

El silencio.

Las miradas.

Nadie lo saludó.

Algunos lo evitaron.

Otros lo observaban, tensos.

Entró en la sala de juntas.

Diego ya estaba allí.

Sentado a la cabecera de la mesa.

Tranquilo.

Como si perteneciera a ese lugar.

—¿Desde cuándo te sientas ahí? —se burló Álvaro.

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