Arranqué el motor.
Mientras nos alejábamos, Rosa estaba en la puerta; pequeña ahora, sin poder.
No sabía qué me depararía el mañana.
Pero una cosa sí sabía:
Ya no estaba sola.
Y nunca más agradecería lo mínimo.
Porque esa noche no solo recuperé un coche.
Recuperé mi voz.
Y finalmente…
Recuperé mi hogar.
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