No era la victoria.
La libertad.
“Ya no necesito nada de ti”.
Me di la vuelta y tomé las manos de mis hijos.
“Vámonos”.
Sebastián dudó…
luego me siguió.
No como heredero.
Sino como un hombre que finalmente elegía su propia vida.
Afuera, la noche estaba viva: fresca, vibrante, llena de posibilidades.
Uno de los niños levantó la vista.
“¿Adónde vamos?”
Los miré.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
