“Mi vecina insistía en que veía a mi hija en casa durante el horario escolar

Me agaché y lo recogí con manos temblorosas. Era una fotografía impresa en papel normal.

En la imagen, granulada y tomada desde cierta distancia con un teleobjetivo, se veía a Lily. Estaba de pie en una esquina de la calle, hablando con un hombre alto que estaba de espaldas a la cámara. El hombre llevaba un abrigo gris largo. Pero lo que me hizo detener el corazón no fue el hombre.

Fue lo que Lily tenía en la mano en la foto.

Una pistola.

Y no parecía asustada. Parecía estar examinándola, sopesándola, con la misma frialdad con la que examinaría una fruta en el supermercado.

Le di la vuelta al papel. Había algo escrito con rotulador rojo, una caligrafía angulosa y agresiva:

*PROYECTO CRISÁLIDA – SUJETO 1: ACTIVO.*

El mundo empezó a dar vueltas. Me senté en la cama de mi hija, arrugando la foto en mi mano. ¿Sujeto 1? ¿Activo? ¿Qué demonios estaba pasando?

Lily había mencionado un “Comprador”. Habían hablado del vecino del 42. Y ahora esto.

Tenía que ir a la policía. Era lo lógico, lo sensato. Pero una voz en mi cabeza me detuvo. Lily había dicho que el vecino del 42 tenía fotos de ellos. Que él sabía. Y si iba a la policía… ¿y si la policía estaba involucrada? O peor, ¿y si al denunciarla perdía a mi hija para siempre, encerrada en un correccional o llevada por quienquiera que estuviera detrás de este “Proyecto Crisálida”?

No. Tenía que averiguar qué era esto antes de actuar.

Recordé lo que habían dicho. *La casa del 42. El contable aburrido.*

Me levanté. Mis piernas ya no temblaban. El miedo había sido reemplazado por una determinación fría, una furia maternal que no sabía que poseía. Nadie iba a convertir a mi hija en un monstruo. Y si ya lo era, yo iba a descubrir quién la había transformado.

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