Pero el novio no había terminado.
— Y hay algo más.
Se volvió hacia el personal.
— Llamen un coche. Al hospital público.
La novia levantó la mirada, confundida.
— He investigado la historia de este niño —confesó—.
— Don Bernardo… es mi padre biológico.
El salón explotó en asombro.
— Lo perdí de vista hace años. No sabía que vivía en la calle.
— Ese hombre… salvó a mi hijo antes de que yo pudiera hacerlo.
Elías lloró por primera vez en su vida.
— Entonces… ¿tengo una familia?
El novio se arrodilló frente a él, sonriendo entre lágrimas.
— No, —dijo—.
— Tienes dos.
La boda se celebró ese mismo día.
Pero antes de los votos, toda la comitiva fue al hospital.
Don Bernardo, débil pero consciente, vio entrar a la novia, al novio… y a Elías.
— Tenías razón —susurró al niño—.
— El corazón siempre encuentra a quien ama.
Y por primera vez en su vida, Elías estuvo lleno.
No de comida.
Sino de amor.
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