El barrio explotó en orgullo.
No porque hubiera ganado.
Sino porque era una de ellos.
Una semana después, Valeria volvió a su colonia.
Sin escoltas.
Sin desfile oficial.
Con su medalla en la mochila.
Caminó por las mismas calles.
Entró al deportivo donde empezó todo.
Y vio a un grupo de niñas intentando correr en una pista agrietada.
Se quedó mirando un momento.
Luego silbó.
—¡Eh! ¿Quién quiere aprender a cerrar fuerte en la curva?
Las niñas la miraron como si fuera una superheroína.
No traía capa.
Traía experiencia.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
