No hay mexicana que me gane dijo la campeona japonesa… y la joven mexicana la dejó atrás en la pista…

El barrio explotó en orgullo.

No porque hubiera ganado.

Sino porque era una de ellos.

Una semana después, Valeria volvió a su colonia.

Sin escoltas.

Sin desfile oficial.

Con su medalla en la mochila.

Caminó por las mismas calles.

Entró al deportivo donde empezó todo.

Y vio a un grupo de niñas intentando correr en una pista agrietada.

Se quedó mirando un momento.

Luego silbó.

—¡Eh! ¿Quién quiere aprender a cerrar fuerte en la curva?

Las niñas la miraron como si fuera una superheroína.

No traía capa.

Traía experiencia.

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