Ocho años después del divorcio, él se burló de ella frente a todos… sin saber que esa mujer ya se había convertido en alguien inalcanzable para él.

Entonces alguien cerca del bar susurró:

—No puede ser…

Otro respondió, casi ahogado:

—Es Santiago Elizondo.

El nombre corrió de boca en boca.

Santiago Elizondo. El empresario reservado que aparecía en las páginas de negocios por carreteras, puertos secos y proyectos energéticos. El hombre del que todos habían oído hablar, pero al que casi nadie había visto de cerca. El millonario que nunca se comportaba como si necesitara recordártelo.

Santiago saludó con un gesto educado.

—Buenas noches. Soy Santiago, esposo de Amalia.

Nada más.

No presumió. No explicó. No intentó marcar territorio.

Solo dijo la verdad.

Gael se quedó inmóvil.

Su rostro perdió ese aire fácil que había llevado toda la noche. Dio un paso al frente como quien todavía intenta rescatar algo de dignidad.

—Vaya… qué coincidencia —dijo, extendiendo la mano—. Soy Gael. Su exesposo.

Otra vez el silencio.

Santiago le estrechó la mano con firmeza y calma.

—Entiendo.

Nada más.

Gael buscó arrogancia, provocación, competencia. No encontró ninguna. Y eso lo desarmó más que cualquier insulto.

—Amalia siempre ha sido… intensa —soltó, tratando de reír.

Santiago lo miró sin dureza, pero sin ceder.

—Eso es una virtud.

Varias personas bajaron la vista. Otras se quedaron observando a Gael con una incomodidad distinta, nueva. Como si por fin vieran con claridad lo que antes habían llamado “bromas”.

Gael hizo otro intento.

—No todos los hombres saben manejar a una mujer así.

Santiago respondió con la misma voz serena:

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.