—Tal vez sí haya llegado el momento de tomar decisiones.
Decisiones.
Por mí.
Sobre mi casa.
Sobre mi vida.
Como si yo fuera un mueble viejo que ocupa demasiado espacio.
Me quedé inmóvil, viendo el techo blanco del hospital, y en ese instante algo dentro de mí murió. No el amor de madre, porque ese nunca muere del todo, por desgracia. Murió la ilusión. Murió la mentira de que el sacrificio había sido comprendido. Murió la esperanza de que algún día, espontáneamente, ellos se darían cuenta.
Entraron unos minutos después. Yo cerré los ojos y fingí dormir.
Juan me tocó la mano.
—Está dormida.
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