—Aquí estás —dijo con dulzura—. Creí que habías entrado de nuevo por la entrada del personal. —
Se quedó paralizado.
La confusión se reflejó en su rostro por etapas visibles, la incredulidad luchando por reemplazar la certeza.
Intentó recuperarse.
—Señorita Álvarez, es un honor, estoy…
Ella lo ignoró.
Por completo.
En cambio, se volvió hacia mí.
—Deberías haber llamado —continuó—. La junta directiva está esperando arriba. —
Volvió a hablar, esta vez con menos seguridad.
—¿Esperando qué? —
Renata finalmente lo miró.
Y entonces respondió.
—La adquisición. —
Parpadeó.
—¿Adquisición de qué? —
Señaló hacia mí.
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