Ves cómo los ojos de Renata parpadean, preparándose para la clase de humillación que parece haberse aprendido de memoria.
Está derecha, pero su cuerpo la delata: el microtemblor en las rodillas, la mandíbula apretada.
Cuando le dices que no volverá a la empresa subcontratada, no se ve aliviada.
Se ve desconfiada, porque el alivio, para ella, siempre ha tenido un precio.
—¿Me van a transferir? —pregunta con cuidado, como si sostuviera vidrio.
—No es transferencia —dices—. Te vas de ellos.
Pasas a su lado, abres un cajón y sacas una libreta en blanco.
Tu pluma hace “clic” una vez, seco y definitivo.
—A partir del lunes, trabajas directamente para Siqueira Prime. Nómina, prestaciones, horarios fijos. Y vas a contarme todo lo que pasó esta noche.

Se le entreabren los labios, pero no le sale la voz.
Casi puedes verla decidir si esto es una trampa disfrazada de misericordia.
Luego traga saliva y dice:
—Me van a boletinar.
Respondes sin levantar la vista:
—Que lo intenten.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
