SU EX LA INVITÓ A SU BODA PARA HUMILLARLA… PERO ELLA LO DEJÓ EN SHOCK…

Sus ojos brillaban con intensidad. Señor Valverde, no lo vi llegar. Esta noche soy Sebastián, no tu jefe, sonríó él. Bailamos. La música lenta los acercó más de lo apropiado. Alejandra sentía el calor de su mano en la cintura, su colonia cara mezclada con su aroma natural. Hace tiempo quiero decirte algo”, susurró él en su oído. “Me gustas, Alejandra, mucho.” El corazón de Alejandra dio un vuelco. Esto no es correcto. Soy su secretaria y yo soy un hombre que no puede dejar de pensar en ti.

Al final de la noche, en el estacionamiento vacío, Sebastián la besó. un beso al principio que se volvió intenso. Alejandra sabía que cruzaba una línea peligrosa, pero su cuerpo respondió por instinto. Así comenzó su secreto. Se encontraban después del trabajo en un apartamento que Sebastian tenía cerca del océano. Nadie lo sabía. En la oficina eran jefe y secretaria, a solas, amantes, apasionados. Algún día no tendremos que escondernos”, prometía Sebastian mientras acariciaba su cabello. “Solo necesito tiempo.” Alejandra lo creía.

Cada promesa, cada te quiero susurrado en la oscuridad. Se imaginaba como la señora Valverde con una casa frente al mar y quizás hijos con los ojos azules de Sebastián. Los meses pasaron en una burbuja de felicidad. Sebastian le regalaba joyas que ella guardaba en una caja, temerosa de que alguien las viera y sospechara. Una tarde de marzo, Sebastián la invitó a cenar a un restaurante exclusivo. Estaba extraño, inquieto. ¿Qué sucede?, preguntó Alejandra cuando trajeron el postre que ninguno tocó.

Sebastián tomó su mano sobre la mesa. Mi padre quiere que me case con Bianca Montero, la hija de su socio. El mundo de Alejandra se detuvo. ¿Y tú qué quieres? Tiempo, suspiró Sebastian. La empresa tiene problemas financieros que yo desconocía. Este matrimonio traería el capital que necesitamos. ¿Me estás dejando? La voz de Alejandra sonó pequeña. No, Sebastian apretó su mano. Busco una solución. Te quiero a ti, Alejandra. Bianca es solo un negocio. Esa noche hicieron el amor con desesperación.

Después, abrazados entre sábanas revueltas, Sebastian le juró que encontraría una manera de estar juntos. Confía en mí”, dijo besando su frente. “Nunca te abandonaré.” Alejandra quiso creerle. Necesitaba creerle. Las semanas siguientes, Sebastián cambió. Cancelaba sus citas, respondía mensajes. Tarde parecía distante. Alejandra pensó que era por la presión familiar. Un día, sin querer, escuchó una conversación entre Sebastián y su padre en la sala de juntas. La boda con Bianca debe ser en primavera, decía el señor Valverde. Los Montero están impacientes.

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