Tengo 87 años: si no puedes vivir solo, antes de ir a una residencia considera estas alternativas.

Cómo construí mi propia red de apoyo

Al día siguiente hablé con mi vecina Laura, una mujer joven con dos hijos pequeños que trabajaba desde casa.

Le propuse algo simple:

Yo necesitaba que alguien me recordara los medicamentos por la mañana. Ella necesitaba ayuda ocasional con sus hijos cuando tenía reuniones.

Nos ayudamos mutuamente.

Desde ese día, cada mañana pasa cinco minutos por mi casa, me lleva un café y verifica que haya tomado mis medicinas.

Dos veces por semana yo recojo a sus hijos del colegio, les doy la merienda y los acompaño hasta que ella termina de trabajar.

Luego sumé más personas

También hablé con Pablo, un vecino que vuelve tarde del trabajo.

Le propuse que pasara cada noche a tocar mi puerta solo para ver que todo estuviera bien.

A cambio, yo recibo sus paquetes durante el día.

Después hablé con Antonia, una vecina viuda de mi edad.

Los dos teníamos dificultad para limpiar la casa, así que contratamos juntos a una persona de limpieza y dividimos el gasto.

También se sumaron otras personas:

  • El dueño del bar de la esquina, que se preocupa si no me ve por la mañana.
  • La farmacéutica, que me avisa cuando debo renovar recetas.
  • El verdulero, que me lleva compras pesadas una vez por semana.

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