Me incorporé bruscamente, la manta resbaló de mis hombros. Me temblaban las manos, pero mi voz salió firme.
“Buenos días”, dije.
El rostro de mi padre palideció. Daniel se giró bruscamente hacia mí, atónito.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Thomas bruscamente.
—Lo oí todo —respondí con calma.
Daniel tragó saliva. —Naomi, escucha…
—No —lo interrumpí—. Escucha tú. No habrá firma. No habrá transferencia. No habrá notario. Y si alguien intenta ponerme papeles delante hoy, mi abogado intervendrá antes de que empiece la ceremonia.
—Estás exagerando —dijo mi padre, adoptando su tono frío y autoritario.
Levanté el teléfono. —Te grabé.
El silencio llenó el aire.
Mi madre, Karen, apareció por la entrada con tacones y seda, con la sonrisa ya preparada.
—¡Naomi! Llegamos tarde…
—¿Qué se suponía que debía firmar, mamá? —pregunté con calma.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
