Todos Esperaban Ver A Una Novia De Blanco En La Catedral, Pero Valentina Cruz Entró Vestida De Rojo Sangre Y Convirtió Su Boda En Un Juicio Público Contra El Hombre Que Había Seducido Su Dolor Y Asesinado A Sus Padres…

No de un rojo discreto ni romántico, sino de un rojo profundo, brillante, feroz. El color de un vino oscuro servido en cristal fino. El color de una herida abierta. El color de la sangre cuando todavía está caliente. La tela caía sobre su cuerpo con una elegancia brutal, abrazando su cintura y deslizándose hacia atrás en una cola larga que parecía una mancha viva extendiéndose sobre el mármol claro del pasillo central.

Su cabello castaño descendía suelto sobre los hombros. Sus labios llevaban el mismo tono del vestido. Sus ojos oscuros, fijos en Adrián, no tenían temblor ni ternura. Solo había algo frío, resuelto, definitivo.

Alguien dejó caer una copa.

Una anciana se persignó.

Una joven soltó un jadeo.

El organista falló una nota.

Y en el altar, por primera vez, la sonrisa de Adrián Salvatierra se rompió.

Fue una fractura mínima, apenas un segundo, pero suficiente.

Thomas la vio.

Rachel también.

Un músculo se tensó en la mandíbula del novio. Sus pupilas se contrajeron. Hubo miedo. Miedo auténtico. Luego él recompuso la expresión, se volvió a poner la máscara de hombre perfecto y abrió ligeramente una mano como invitándola a acercarse.

Pero el daño ya estaba hecho.

El silencio ya no era de expectativa.

Era de amenaza.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.