Pero Adrian seguía diciéndose a sí mismo que todo estaba bien.
Creía lo que era más fácil de creer.
El viaje en ascensor más largo
El vestíbulo del hospital olía fuertemente a antiséptico y solución de limpieza.
Adrian corrió hacia la recepción, apenas pudiendo hablar.
—Mi hija —dijo rápidamente—. Lila Whitaker.
La expresión de la enfermera cambió en el momento en que revisó la historia clínica.
La preocupación se reflejó en su rostro.
—Unidad de traumatología pediátrica —dijo en voz baja—. Tercer piso.
Traumatología.
La palabra lo golpeó como un peso repentino.
El viaje en ascensor duró menos de un minuto, pero se le hizo eterno. Adrian miraba fijamente los números brillantes mientras subían lentamente.
Cuando se abrieron las puertas, un médico estaba esperando.
Se presentó como el Dr. Rowan Hale.
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