Antes de que Adrian pudiera preguntar nada, el médico le puso una mano suave en el hombro.
—Está despierta —dijo con cuidado—. Pero tiene mucho dolor. Intenta mantener la calma cuando entres.
Adrian asintió, aunque la calma era lo último que sentía.
La habitación del hospital estaba oscura y silenciosa, salvo por el pitido constante de los monitores.
Lila parecía increíblemente pequeña en la cama.
Su rostro estaba pálido contra la almohada blanca.
Pero la mirada de Adrian se detuvo en sus manos.
Ambas estaban envueltas en gruesas vendas blancas, apoyadas sobre pequeños cojines.
—¿Papá?
Su voz era frágil, apenas más fuerte que el ruido de las máquinas a su alrededor.
Adrián se acercó a la cama y se arrodilló para poder verle la cara.
—Estoy aquí, cariño —dijo suavemente—. Estoy aquí mismo.
Quería abrazarla, pero tenía miedo de lastimarla.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
