—¿Qué pasó? —preguntó con dulzura—. ¿Te caíste?
Los ojos de Lila se dirigieron nerviosamente hacia la puerta.
Luego susurró:
—Por favor, que no entre.
Adrián frunció el ceño.
—¿Quién, cariño?
Lila tragó saliva, con la voz temblorosa.
—Brianna.
El secreto que Lila guardaba
Pasaron varios minutos antes de que Lila encontrara la fuerza para seguir hablando.
Su respiración era lenta e irregular.
—Tenía hambre —dijo en voz baja.
Adrián sintió un escalofrío.
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