Una estudiante pobre pasó una noche con su adinerado jefe para pagar las facturas del hospital de su hermano, y esa decisión cambió su vida para siempre.

"Mi padre… no solo está enfermo. Está involucrado en un fraude multimillonario. Todo podría derrumbarse en cuanto muera o pierda su capacidad legal".

"¿Y tú eres…?"

—Intento salvar la empresa sin encubrir un crimen —respondió él.

—Pero no es sencillo. Si lo denuncio todo, cientos de empleados perderán sus trabajos. Si me quedo callada, me convertiré en cómplice.

Sofía lo miró con incredulidad.

—¿Y qué papel juego yo en todo esto?

Alejandro se acercó a ella con una sinceridad que nunca antes había visto.

—Eres la única que no forma parte de ninguna red interna. Nadie te controla. Nadie te compra. Ves las cosas sin buscar beneficio personal.

Guardó silencio unos segundos antes de añadir:

—Necesito tu ayuda.

Sofía lo observó casi sin pestañear. Este hombre, su jefe, la persona que se había aprovechado de su vulnerabilidad semanas atrás, le pedía algo que podría destruirlos a ambos.

—¿Ayuda… para denunciar a tu propio padre?

Alejandro no respondió, pero su mirada lo decía todo.

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