"Sí. Vete. Pero primero, recoge todo lo que tienes. Hasta el último elástico. No quiero encontrarte merodeando por los rincones más tarde".
Alina palideció. Cruzó rápidamente la habitación, cogiendo su pintalabios, un calcetín, su cargador del suelo y su bolso de debajo de la silla. Se detuvo en la puerta, mirando a Igor, ya fuera con culpa o con irritación.
"Averígualo tú mismo, ¿vale?", le dijo. "Yo no firmé esto".
Y se fue.
La puerta principal se cerró de golpe. El apartamento quedó tan silencioso que se oía el zumbido del refrigerador de la cocina.
Marina se sentó en el borde de la silla. Sus piernas ya no la sostenían.
"¿Cuánto?", preguntó.
Igor fingió no entender. "¿Cuánto tiempo?".
"No finjas." ¿Cuánto tiempo lleva así?
Bajó la mirada. Y eso fue suficiente.
"Un mes... dos."
Marina se cubrió la cara con las manos. Dos meses. Es decir, antes del hospital. Antes de la fiebre. Antes de la ambulancia. Antes de su "aguanta, estaré allí esta noche".
Etapa 3: El hospital termina, pero el dolor apenas comienza.
Se sentó en silencio, su memoria le traía imágenes como si fueran una mala edición.
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