Intensamente.
Me giré lo justo para verlo: el cambio. La tensión. El pánico que se apoderaba de mí.
—Eso es imposible —espetó.
Y en ese instante, lo supe.
La verdad finalmente me había alcanzado.
Abroché el cinturón de seguridad de Owen en el coche.
—Espera aquí —le dije con suavidad.
Cuando me giré, Grant ya venía hacia mí, con el teléfono aún en la mano.
—¿Qué hiciste? —preguntó con insistencia.
No qué pasó. No si es cierto. Solo culpar.
Lo miré a los ojos. —Tendrás que ser más específica.
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