Abrí el armario del pasillo y saqué una caja vieja. La misma donde había metido todo tipo de cosas que "ya ordenaré después": recibos, notas, algunas de sus cositas.
La puse en el suelo.
Me senté a su lado.
Y empecé a revisarla.
Una vieja entrada de cine. Un recibo arrugado de la tienda. Una foto de los dos, todavía normales, todavía sonriendo.
La miré un par de segundos.
Luego la partí por la mitad.
No porque estuviera enfadada.
Porque ya no era yo.
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