—¡Mami!
Corrió hacia mí. La abracé. Era cálida. Real. Su corazón latía contra mi pecho. No era un fantasma. No era un sueño. Era mi hija.
—Pensé que ya no vendrías —dijo entre sollozos—. Papá dijo que no podía llamarte.
Sentí un frío subir por mi espalda.
—¿Qué quieres decir?
Grace se separó un poco y se secó las lágrimas.
—Papá me dijo que tenía que quedarme callada.
El director intercambió una mirada incómoda conmigo.
—Señora Hawthorne… la niña llegó caminando esta mañana —explicó—. Dice que vive en una casa cerca del bosque, con su padre.
Mi corazón empezó a latir con fuerza.
—Grace… cariño… hace dos años…
No pude terminar la frase. Ella frunció el ceño.
—¿Dos años?
—Papá dijo que estuve enferma mucho tiempo.
Mi estómago se contrajo.
—¿Qué enfermedad?
Grace pensó unos segundos.
—La del hospital. —Después del accidente.
Mi mente empezó a reconstruir algo horrible. El accidente de coche. La ambulancia. El hospital. Yo estaba sedada. Confundida. Neil había firmado todos los documentos. Había organizado el funeral. Nunca vi el cuerpo. Nunca abrí el ataúd.
—Grace… —susurré—. ¿Dónde está papá ahora?
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