Caminé hacia la puerta.
Antes de irme, me giré.
—Ah… y por cierto.
Ricardo levantó la mirada.
—Nunca fui estéril.
Una pausa.
—Solo estaba casada con el hombre equivocado.
Y mientras salía del jardín, entendí algo que había tardado diez años en aprender.
A veces la mejor forma de destruir una mentira…
es dejar que todos vean la verdad al mismo tiempo.
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