El invierno de 1944 no fue solo una estación, sino...

No recordaba haberse movido. No recordaba haber salido. Solo una sensación: un deseo salvaje e instintivo de sobrevivir.

Cuando emergió, ya no era la misma.

Algo dentro de ella se rompió para siempre.

El hospital la recibió con olor a medicina e indiferencia.

Los médicos hicieron su trabajo. Con indiferencia, cansancio, mecánicamente.

Yacía allí, mirando al techo.

Las palabras del cirujano no le llegaban. Fracturas. Lesiones. Recuperación. Nada de eso importaba.

Hablaba de una declaración.

Sobre la justicia.

Sobre el castigo.

Guardó silencio.

Luego dijo en voz baja:

"No hace falta".

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