El jefe regaló frascos de pepinillos caseros de su madre, y toda la oficina se echó a reír. Los despreciaron y los tiraron como si fueran basura. Yo fui la única que se los llevó a casa. Pero jamás imaginé… que uno de esos frascos contenía un código que revelaría el secreto de la empresa…

Tres pasos.

Luego siete.

Me detuve.

El suelo bajo mis pies sonaba hueco.

Con manos temblorosas, abrí una losa de hormigón.
Dentro… había una caja metálica.

Al abrirla, encontré tres cosas:

Una carta.

Un cuaderno.

Una llave.

La carta era de la madre de Alejandro.

Lo explicaba todo.

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