El jefe regaló frascos de pepinillos caseros de su madre, y toda la oficina se echó a reír. Los despreciaron y los tiraron como si fueran basura. Yo fui la única que se los llevó a casa. Pero jamás imaginé… que uno de esos frascos contenía un código que revelaría el secreto de la empresa…

Quien lo escribió no podía hablar con franqueza.

Tal vez lo estaban vigilando.

O tal vez el mensaje no iba dirigido al jefe en absoluto…

Sino a alguien lo suficientemente observador como para encontrarlo.

Al día siguiente, até cabos.

Una vieja foto de la empresa mostraba un gran mezquite frente al edificio original de la fábrica.

Una fábrica abandonada.

Tenía que ser eso.

Al atardecer, conduje hasta allí.

El lugar estaba en silencio, casi inquietante.

Pero el árbol seguía en pie.

Enorme. Antiquísimo.

Seguí su sombra.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.