El millonario se casó con ella por despecho, pero calculó mal.

—¿Qué? La primera pensión de la costa, donde comenzó tu cadena, no se construyó únicamente con el dinero de tu padre. Mi madre aportó el terreno, una casa y parte del negocio. No era empleada, era socia.

Alexander frunció el ceño.

"Eso es imposible."

"Quizás", respondió Nina con calma. "Es solo que tu padre se esforzó mucho después para que todos lo olvidaran."

Sacó otra carpeta de la caja. Contenía recibos, cartas antiguas, copias de poderes notariales y escrituras de transferencia. La madre de Nina había firmado documentos estando enferma, confiando en Andrei Zvonarev como socio. Seis meses después, su participación había desaparecido misteriosamente entre deudas y revaluaciones, dejándola sin nada.

"¿Y por eso viniste a mi casa?", preguntó Alexander en voz baja.

"Sí."

La miró fijamente durante un largo rato.

"¿Así que el matrimonio formaba parte del plan?" Nina negó con la cabeza.
«No. Servicio, sí.» El matrimonio es un regalo que te haces a ti mismo. Un regalo muy afortunado para mí, debo admitir.

Esto lo dijo sin malicia.

Y precisamente por eso tuvo un mayor impacto.

Por primera vez, Alexander sintió que no era el único que podía planificar con anticipación.

Etapa 3. El regreso inesperado de Vera
Unos días después, Vera llegó a la casa.

Sin previo aviso. En un coche blanco, con un abrigo ligero y la sonrisa de una mujer segura de ser irremplazable.

La hicieron pasar a la sala. Alexander bajó a su encuentro. Nina estaba sentada en el jardín de invierno, leyendo una carpeta con documentos de archivo, pero las voces también se oían allí.

«¿Cuánto tiempo más vas a seguir con esta farsa?», preguntó Vera con una leve risa. «Todos están hartos. Divórciate de los sirvientes y acaba con este circo».

Alexander no respondió de inmediato.

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