Pero en ese momento, una limusina negra se detuvo frente a la puerta del colegio.
Al principio, nadie entendió lo que sucedía. Entonces se abrió la puerta.
Y Alina salió.
El silencio se hizo de repente, casi físico. Incluso la música del patio pareció desvanecerse.
Llevaba un vestido sencillo pero que le quedaba perfecto. Su cabello estaba recogido con esmero. Pero lo más importante, su porte. Ya no parecía la "hija de la limpiadora", como la llamaban.
Parecía que pertenecía a ese lugar.
Anton se quedó paralizado.
"Esto... ¿qué clase de broma es esta?", susurró. El conductor salió de la limusina y cerró la puerta con calma.
"Todo está pagado", dijo.
Entonces apareció Maxim a su lado.
"Ayudé con el alquiler", dijo con calma, acercándose a Alina. "Y sí, esto no es una broma".
Un murmullo recorrió la multitud.
Kristina, que antes había sido la que más se reía, desvió la mirada.
Anton dio un paso al frente:
"¿Así que crees que un coche te hace mejor?"
Alina lo miró por primera vez sin miedo.
"No. Pero te hace más callada".
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