Le puse un laxante al café de mi marido antes de que saliera a ver a su amante... pero lo que pasó después fue peor de lo que imaginaba.

La puerta del baño se cerró de golpe.

Los sonidos que siguieron… dramáticos, por decir lo menos.

Suspiré.

Entonces cogí el móvil.

Abrí el chat grupal.

“Chicas, ¿sigue en pie lo de las cervezas?”

Las respuestas llegaron al instante.

—¡Claro!

—¡Te esperamos!

—¡Esta noche celebramos la libertad!

Me retoqué el pintalabios.

Cogí las llaves.

Mi bolso.

Mi dignidad.

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