Lo miré a los ojos.
—No.
Una pausa.
—Dejaré tus maletas esperándote en la puerta.
Por primera vez en mucho tiempo…
No dijo nada.
Bajó la mirada.
Y en ese instante, comprendí algo sencillo:
La venganza no siempre es ruidosa.
No siempre es destructiva.
A veces… es solo un recordatorio.
Que el respeto es algo que se aprende con delicadeza…
O que la vida te enseña… a la fuerza.
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