Le puse un laxante al café de mi marido antes de que saliera a ver a su amante... pero lo que pasó después fue peor de lo que imaginaba.

—Cancelé.

Eso me sorprendió.

—¿Ah, sí?

Se pasó la mano por la cara.

—Porque hoy me di cuenta de algo.

Esperé.

—Si hace falta un la:xa:tive para recordarme que estoy casada… entonces ya era demasiado tarde.

El silencio llenó la habitación.

Incómodo.

Pero… sincero.

Exhalé lentamente.

—La próxima vez —dije— no usaré laxantes.

Arqueó una ceja.

—¿No?

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