Leo negó con la cabeza.
—No puedo.
Michael se arrodilló para que sus miradas quedaran a la misma altura.
—Leo.
Las lágrimas brotaron al instante.
—Me duele —susurró.
En ese momento, todo se agudizó.
BAJO LA LUZ DEL BAÑO
Michael lo llevó escaleras arriba con cuidado, evitando su espalda baja.
Bajo la brillante luz del baño, ya no había sombras donde esconderse.
—Aquí estás a salvo —dijo Michael en voz baja—. No estás en peligro. Solo necesito saber qué pasó.
Los hombros de Leo temblaron.
—Me dijo que no dijera nada —susurró—. Dijo que sería peor si lo hacía.
La voz de Michael se mantuvo tranquila.
—¿Quién?
“Mamá. Y su novio.”
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